Nunca digas nunca.

 


  • Hace mucho tiempo disfrutaba la película “An American Tale”, aquella de dibujos animados en la que una familia de ratoncitos europeos viene a New York  en busca del Sueño Americano. Faibel, que es el nombre del héroe se lució acuñando la frase: “Nunca digas nunca”
    Realmente no podemos evitar decir esa palabra porque cuando decimos que nunca la usaremos,  la estamos usando. Es poco complicado. Tiene su truco. Cuando se nos ocurra usarla manejemos mejor el concepto para no equivocarnos.
    A pesar de todo, es una palabra que usamos con frecuencia. Especialmente cuando argumentamos con nuestro cónyuge, hermano o amigo y acostumbramos decir: Nunca, me respondes, nunca me haces caso, nunca me llamas, nunca me invitas, etc.
    Nada es más apartado de la verdad. Nunca significa que jamás de los nuncas se nos ha hecho lo que reprochamos. Nunca se nos ha respondido? Nunca se nos ha hecho caso?, Nunca se nos ha llamado?, Nunca se nos ha invitado?. Nunca, Nunca?…
    Nunca es una palabra que usamos con abundante sarcasmo. Esta palabra tiene una hermana gemela pero opuesta: Siempre!, Ambas las usamos en forma sarcástica con afán de crear una reacción favorable a nuestro argumento: Siempre me estás criticando! (Algo que no puede ser cierto porque no podríamos pasar la vida en plena crítica) Siempre olvidas lo que te digo, siempre llegas tarde, siempre me ofendes. No se puede hacer Siempre lo mismo!
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    Cuándo fue la última vez que usaste estos recursos?. O cuándo fue la última vez que fueron usados contra tí?. No importa mucho eso. Es importante que analicemos la intención con que lo decimos, en  la mayoría de los casos es crear en nuestro cónyuge, amigo, hermano, un malestar personal. Que tal si en lugar de intentar hacer que otros se sientan tontos, desconsiderados o incómodos, nos proponemos bendecir, edificar y honrar a quienes Dios ha puesto a nuestro lado para compartir la vida? Acaso el consejo bíblico no es “considera a los demás como superiores a tí?” pienso que estas dos palabras las usamos quizás para hacer reaccionar a nuestro interlocutor cuando hemos agotado la paciencia. Pero seguro que en otras, para hacerlo sentir miserable. No es así?

Pr. Fernando Garrido

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Conforme a “Mi Evangelio”

Hace mucho San Pablo uso esta expresión en un sentido bien definido. El hizo suyo el Evangelio de Jesucristo. Se lo apropio a un muy alto costo. (Todo lo reputo como perdida por el excelente conocimiento de Cristo). No lo altero. Sencillamente lo abrazo tal como lo aprendió directamente del Señor.

Nosotros actualmente hemos desarrollado nuestro concepto personal del Evangelio. Ahora podemos hablar de “Mi Evangelio” pero en un sentido radicalmente diferente a San Pablo.  Mi Evangelio es la forma como yo lo conceptúo. Como lo percibo; Como me parece y como me agrada que sea.

De hecho, tenemos nuestro concepto personal de Dios, de la Biblia, de Jesucristo. De esa manera Dios, la Biblia y Jesucristo están sujetos a nuestra particular, egoísta, mal informado o ignorante forma de pensar. Moldeamos las ideas de acuerdo a nuestra conveniencia. Conformamos la doctrina para que case en nuestra cultura, minimizamos la grandeza de Dios para que quepa en nuestros razonamientos y reducimos la Biblia a un libro de consulta. Recuerdas las “Fortune Cookies” que dan de postre en los restaurantes chinos donde salen pensamientos de cosas bonitas que nos sucederán. Así abrimos nuestra Biblia para ver que verso bonito encajara en nuestra actividad del día.

Muchos predicadores tienen su “propio Evangelio”…. Hacen una mezcla similar a la hecha por la Iglesia Romana en nuestra Latinoamérica donde para ganar al nativo se le combina Evangelio con paganismo adecuando y diluyendo el mensaje para que sea popular. Así, muchos se re-inventan un Evangelio sabroso, de oferta, de bagatelas, ofreciendo todo aquello que el humano busca, prosperidad financiera, salud física, tranquilidad de consciencia, reconocimiento, etc. (cosas que no son malas en si) pero son las temporales y nos distraen de lo eterno, lo verdadero que es el mensaje central de la Cruz.

El Evangelio no se adecua al pecador. Es el pecador quien debe ajustarse a las demandas de un Dios santo que si es cierto que ofrece perdón, previo a perdonar demanda total arrepentimiento y fe en la obra de redentora de Jesucristo.

Jesús inicio su ministerio predicando el Evangelio del reino de Dios y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el Evangelio. Todo empieza con arrepentimiento. Sin embargo ninguno se arrepentirá a menos que se convenza de que ha pecado,  y que el pecado ofende a Dios de tal manera que Dios ha ya  ha condenado al pecador  a un castigo Eterno. Hasta que el pecador entienda que un Dios santo y justo no tolera el pecado y que solo viniendo en humildad por medio de Jesucristo se puede acercar a Dios, entonces su conversión al Evangelio dará los frutos que Dios espera de el.

Para no crear nuestra “propia edición” del Evangelio es necesario leerlo, estudiarlo, meditarlo y vivirlo. Aprenderlo tal como la Escritura lo presenta. No mas lo que yo creo del Evangelio sino lo que el Evangelio dice en si mismo. No como lo interpreto sino tal cual esta en las paginas de tu Biblia. Ello demanda un precio. San Pablo lo pago. El anhelaba el excelente conocimiento de Cristo. Cuanto lo anhelas tu?

Una Sorprendente Sorpresa.

Mi amigo Manfredo deseaba dar una sorpresa a su novia en su cumpleanos. Desde tiempo atrás, su mente romántico-científica acariciaba la idea de hacer algo diferente para impresionar a su amada.

Nada mejor que crear un robot que a determinada hora de la madrugada se auto-activara, encendiera un caudal de luces (como de disco), empezara a caminar por el dormitorio, (o a deslizarse, no recuerdo bien) y que en determinado instante entonara “Las Mañanitas Mexicanas” a todo volumen.

Le llevo algún tiempo, sacrificios y frustraciones hacerlo pero lo logro. Llegada la fecha, que por cierto es en Febrero, y en complicidad con su cunada, el robot fue introducido en el dormitorio de Susan y puesto en “Standby” esperando la “hora cero”.

Llego el momento. Robot se auto-activo, empezó a desplazarse en la oscuridad produciendo chirridos; se encendieron las luces y el cuarto pareció un 4 de Julio en USA o una redada policial con muchas auto patrullas. Se activo el sonido y empezaron los mariachis a sonar. A todo ello Susan abrió desorbitados sus ojos, oyendo chirridos, viendo su cuarto invadido por naves extraterrestres y un distorsionado sonido de una vieja bocina. Ella se puso en pie como pudo y en medio del estupor empezó a gritar pidiendo auxilio y en su angustia se arma de un valor desconocido y arremetió contra el invasor, levantandolo con todas sus fuerzas y estrellándolo contra la pared.

Instantáneamente murió robot!…. mientras la puerta se abría y sus familiares entraban riendo a carcajadas con presentes en mano para agasajarla.

Robot cumplió su objetivo. Manfredo dio la sorpresa del siglo. Por dos días Susan no quiso hablarle porque no le pasaba el susto que este le metió.

A diario sorpresas son creadas imaginativamente para alegrarnos la vida. Lamentablemente no las vemos porque no las podemos ver. No las podemos ver porque estamos cegados por un “me lo merezco”. A diario tenemos un nuevo día, con un sol radiante o con espesas nubes. Un clima cálido o ambiente frió, lluvia o viendo, salud, protección, promisión, familia, amigos, empleo o desempleo, risa o llanto…. Cuanta cosa que si atendiéramos a conciencia veríamos que tienen como fin bendecirnos. El calor podría hacernos bendecir el frió, el frió nos haría bendecir por el calor, la enfermedad nos recodaría que pasamos mas tiempo sanos, la pobreza nos recodaría que también hemos tenido buenos momentos. La traición de alguno nos recodaría la fidelidad de otros. La soledad nos haría dar gracias por la compañía…. Tenemos tantas gratas sorpresas al día que al final lo que nos sorprende es lo que se planifico que no nos sorprendiera.

A Nuestro Padre le pasa lo mismo que a Manfredo. Sus sorpresas gratas consiguen resultados contrarios.

 

 

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