Servía pero ya no sirvo.

Amo la música y me complazco produciendo mi música. Así que el teclado que tenía era la espada del guerrero, la pluma del escribiente y el martillo del carpintero. Por años fue mi deleite sentarme frente a él y sacarle armonías y melodías.

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Un día, como de costumbre me senté frente a él, estirè mis dedos y me lancè por el primer acorde y para sorpresa mía dio sonidos discordantes y nunca conocidos. Estaba fallando. De allí se inició su deterioro hasta que con tristeza tuve que despedir a un viejo amigo. Ya no servía!

Yo serví al Señor por muchos años en diferentes plataformas. En Iglesias rurales alejadas de la civilización como en Iglesias urbanas. Entre humilde gente del campo o profesionales. En mi país de origen y fuera de él. Me sentía útil en manos del Señor y veía resultados de la gracia divina.

Un día por circunstancias especiales dejé de servir. Inicialmente fue incómodo ser espectador. También ejercí de crítico voluntario considerando cual y como debiera mejorarse lo que se hacía. Tiempo después, me conformè con hacer acordes con la banda musical cada domingo.

Un día enfermè producto de un mal manejo de una prescripción de medicina y lleguè el punto de la imcapacidad y muerte. Difícil para mí, peor para mi familia. Durante casi año y medio lidiamos con mi recuperación. Para hacer más dramática mi situación, durante ese tenebroso valle no tuve una llamada, un texto o una visita de mi pastor. Hasta hoy no logro entender porqué, pero eso provocó cierto desgaste e mi deteriorada situación. Quizá Dios quería llevarse toda la gloria, tal y como lo hizo. Su fidelidad, su provisión y compañía no faltaron.

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A todo esto, la pregunta; si anduve muy cerca del sepulcro, Porquè el Señor me permitió la vida?, la respuesta no sólo vino a mi corazón por el Espíritu Santo sino también a través de mi esposa. El Señor te permitió seguir viviendo para que le sirvas. Esa fue mi impresión primaria y luego mi convicción.

Mi teclado hubo de ser echado al reciclaje. No sirvió ya más. Yo, ya no servía, porque no servía, pero después de literamente no servir para nada, el Señor me permite ahora servir y volver a ser útil en la expansión del Evangelio. El Señor Jesús me devolvió la salud e incluso me permitió un mucho mejor teclado que el anterior para que siga bendiciendo Su nombre. Dios En su gracia y misericordia me permite serle útil ahora, aunque claro, el enemigo me lanza gruñidos diciendo, No sirves.

Yo no servía. Ahora sirvo. Y tú? Sirves o ya no sirves?.